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Daniel Martino

Daniel Luis Martino Scandroglio, luego de egresar del Sagrado Corazón, estudió en la Facultad de Agronomía donde se graduó como Ingeniero Agrónomo en 1982. Obtuvo un título de Master of Science de la Universidad de Manitoba (1991), donde se doctoró en el año 1998. Al año siguiente participó del programa sobre Cambio Climático y Desarrollo de la Universidad de Harvard, y a partir de ahí integró decenas de eventos internacionales y escribió más de 60 publicaciones científicas sobre el tema.

Desde sus comienzos Daniel trabajó como científico. Fue investigador del INIA por más de 20 años, investigando en Ciencia del Suelo y Ambiente, actividad de la cual quedó ligado como asesor externo. Colaboró con la Colorado State University en proyectos de inventarios nacionales de gases de efecto invernadero (GEI) en Centro América y en la coordinación del Inventario Nacional de GEI de Uruguay para los sectores de Agricultura, Uso de la Tierra y Forestación.

Figuró en la lista de expertos de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático e integró equipos auditores de Inventarios Nacionales de GEI. Formó parte de un selecto grupo de expertos que asesoraron a la Secretaría de la Convención de Cambio Climático de la ONU en la preparación de un documento técnico sobre “Productos de Madera Cosechada”, que hoy utiliza la Convención. Integró la red mundial de científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) desde donde realizó numerosos aportes para la mitigación de los efectos del cambio climático sobre el agua, los inventarios de GEI, las buenas prácticas en el uso del suelo y los cambios en el uso de la tierra y la forestación. Ver mensaje de despedida en página web del IPCC: www.ipcc.ch

Con el IPCC, en 2007, el Dr. Daniel Martino obtuvo el Premio Nobel de la Paz.

Pero no sólo deslumbró en lo científico: Daniel también fue un empresario con visión y perspectiva. Creó la consultora Carbosur en 2001 y desde 1990 fue director de la empresa forestal Idalen, donde promovió el manejo de plantaciones de eucaliptos para su uso en productos sólidos e innovó en materia de tecnología aplicada a la cosecha forestal, a la calidad y a los Servicios ambientales de los bosques cultivados. Convencido como pocos de la importancia de la forestación en Uruguay, trabajó por la mejora empresarial del sector integrando, en varios períodos, la directiva de la SPF. Pero detrás del profesional descolló un ser humano irrepetible, si una palabra lo puede abarcar esa es sin dudas GENEROSIDAD. Fue generoso con sus pares, nunca dejó de compartir sus conocimientos con quienes estaban a su lado y en todo foro o reunión dijo lo que pensaba, sin medir intereses personales ni persiguiendo lo políticamente correcto, pero si buscando lo ético y lo verdadero.

Siempre fue un adelantado, siempre fue pionero en todo lo que hizo, tal vez también lo fue en adelantarse en la partida.

El sector forestal y la comunidad científica del cambio climático se vieron conmovidos por la desaparición física de Daniel; no contaremos más con un pensador, un científico riguroso y un técnico formidable. Pero cuando nos acostumbremos a esta nueva realidad, lo seguiremos extrañando, pero con la alegría de haberlo tenido entre nosotros, de haber compartido su lucha y valoraremos más claramente su aporte, la huella que ha dejado nos guiará y la amistad que nos brindó nos reconfortará.

Gracias Daniel.